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El tercer género

Me llamo Kucha, y no sé como respirar como un hombre. No soy un hombre – esto está claro, si nada más. ¡Espera! De hecho, estuve mintiendo. También está claro que no soy una mujer, o cualquiera otra cosa que tiene ambas una etiqueta y límites fijados. Cosa. ¿Sabes que mi nombre significa ‘cosa’? Estuve hablando de cosas, justo en ese momento. Verdaderamente, debería ser una historia de gente y no de cosas que yo voy a contaros.

¿Debería empezar de nuevo, no?

No me vas a responder.

Por supuesto. ¡Que tonto de mi parte!

No sé cómo  respirar ni como un hombre, ni como una mujer.  Soy una hijra. Eso es exacto.

Vale, la segunda toma era la buena.

Luego, soy una hijra. Si no sabes lo que significa esa palabra, no te preocupes, toma asiento y ponte cómodo. Empecé a tutearos, con la esperanza que eso no os moleste. De todas maneras, siempre puedes dejar de leer. Yo vago. Estoy perdiendo. Todavía. Entonces, soy una hijra. Junté a la comunidad de hijras de Jaipur cuando tenía doce años, y fui iniciado a la tierna edad de catorce años. Si me miras ahora, no me podrías diferenciar de las otras como yo, con nuestro maquillaje extravagante, nuestros brazaletes, nuestros saris scintillantes, y nuestra reputación en cuanto a nuestros talentos en la cama. Ni siquiera se podría decir si tengo sentimientos reales, porque aparentemente mi apariencia alternativa me da derecho a una cantidad ignominiosa de discriminación…

Espero que seas diferente de esos doctores y agentes de policía que me rechazan cuando necesito ayuda, o de esos camaleones llamados políticos, los mismos que me regalan cada año nuevas promesas asquerosas. No me importa si eres blanco o indio, un hombre o una mujer, un Brahmin o un Parsee, pido que me escuches, que me des el respeto que merezco.

Te digo, no puedes comprender el alivio que sentí cuando cambiaron la ley el año pasado – al final, por suerte, soy del tercer género, y los documentos oficiales no utilizan la terminología horrifica de ‘eunuch’ o aún de ‘hermafrodita’. Espero que algún día tenga oportunidades diferentes de mis trucos de hoy; extorción, mendiga, prostitución, y en algunas ocasiones especiales, un poquito de teatro y danza. ¿Aún no he hablado del sexo?  Todo el mundo le encanta burlarse de mí con bromas sucias todo el tiempo, debería por lo menos mencionar el tema. Claro, podría hacerte un retrato de mi vida sexual; tengo VIH, como el otro dieciocho por ciento de las hijras de Mumbai. Además, necesito ocultar mis actividades porque una ley en sección 317 del código criminal de la India prohíbe la homosexualidad. ¿Qué deslumbrante, no? ¡Qué brillante! ¡Qué fantástico!

Sé que nadie leerá este texto. Mis palabras van a desaparecer en el polvo de tus pasos, hasta el bendito día en que la India sabrá distinguir entre su propia herencia y esos elementos culturales originando del poder colonial. Podría decir mucho más, pero estoy harto. Estoy harta. Estoy ambos, harto y harta, y no sé cómo respirar en las cajas de esta sociedad.

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